Había una vez en un pueblo muy lejano un rey al que le gustaba sentirse muy poderoso. Y toda la gente vivía atemorizada porque quien no obedecía a sus caprichos, era castigado incluso con la muerte. Aquel tirano tenia un solo hijo, porque su esposa murió muy joven y el niño crecía sumiso a una autoridad muy rígida también por parte de la nana. Cuando el niño llegó a la edad de seis años, el rey ordenó que el maestro más sabio del pueblo, fuese a instalarse en el castillo para educar a su hijo de acuerdo a su edad. Aquel maestro asumía la pedagogía con afecto y ternura. Era un educador que amaba su profesión, y a sus alumnos. En sus clases reinaba el diálogo y la comprensión. Pero el niño que no estaba acostumbrado a aquel trato amable y compresivo, pensó que si no cumplía con las tareas que le daba el maestro, no pasaría nada, porque él nunca amenazaba con castigarlo, sino que se limitaba explicarle con mucha calma, que si estudiaba era por su bien y para que el rey se sintiera orgulloso de él. La nana comprendió que las enseñanzas de aquel educador, fueron cambiando la actitud del niño, porque al principio lo trataba con indiferencia y luego comenzó a cumplir con las tareas, no por temor al castigo, sino porque comprendió que el estudio enaltece a los hombres y los saca del abismo donde reina el estúpido egoísmo que crea conflictos entre los seres humanos. El tirano, con el pasar de los años, también se dio cuenta de que su hijo, ya no le tenia miedo, sino una piadosa comprensión a pesar de su rígido comportamiento hacia él. La sabiduría del maestro había producido en el niño un cambio sorprendente que desorientaba al tirano. Pensaba que su autoritaria conducta ya no lo hacia sentirse poderoso, sino mezquino frente a su hijo. Comenzó a sentir la soledad y la necesidad de ser amado y admirados por todos, y no temido como lo fue siempre. Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones donde se alojaba el maestro, para pedirles algunos consejos sobre la mejor manera de gobernar a un pueblo, y el maestro le contestó: Será un gran honor para mí darles algunos consejos para sus sabias decisiones. En breve tiempo, el contacto diario con el sabio maestro, convirtió al tirano opresor, en un rey sabio y bondadoso, admirado por todo el pueblo, y amado por su propio hijo. La moraleja de esta cuento, nos muestra que la actitud autoritaria crea seres humanos sumisos e indiferentes a todo. En cambio, la sabia libertad, por medio del diálogo reflexivo, desarrolla la sublime inteligencia que nos permite comprender que: “ El ser humano que no vive para servir, no sirve para vivir“ Insertado, 03/06/2006 |