Un día de primavera, el Querubín que estaba junto a San Pedro observando la Tierra con mucha curiosidad preguntó: Pedro, ¿por qué los hombres en la Tierra están casi siempre en guerras? Pedro respondió: porque el egoísmo embrutece la mente de las personas y no les permite comprender las leyes de Dios. Es por eso que hay muchísimas religiones, pero pocos religiosos. El Querubín volvió a preguntar: ¿para qué sirven tantas religiones? Muchas religiones sirven para crear más antagonismo entre las personas. En cambio una sola religión sirve para rendir culto a Dios. Porque antes que apareciera el hombre sobre la Tierra, los animales carnívoros y herbívoros vivieron siempre en perfecta armonía con la Naturaleza. Cuando Dios creó al mal llamado “Homo Sapiens” comenzaron las luchas con palos y piedras, luego con armas blancas, y después con armas de fuego y bombas atómicas capaces de acabar con toda clase de vida sobre la Tierra. El Querubín reflexionando dijo: ¿Cómo es posible que con tanta evolución literaria, filosófica, científica y tecnológica, no han comprendido que, si las incalculables sumas de dinero que gastan estúpidamente para las guerras, las utilizaran para ayudarse mutuamente, podrían convertir de nuevo al planeta Tierra en el auténtico paraíso que al principio fue? Amado Querubín, el estúpido egoísmo se fortificó cuando los primeros emperadores crearon el dinero en monedas de oro, para comprar y vender esclavos, y para que los súbditos les pagaran los impuestos. Entonces dijo el Querubín: ¿Es el dinero la raíz de todos los problemas y conflictos familiares, nacionales y mundiales? Claro que sí, contestó San Pedro. Nadie es dueño de la tierra que ocupan, pero unos pocos oligarcas se han dedicado a negociar con ella, y además, la están contaminando. Porque el egoísmo brutal no les permite comprender que al destruir la capa de ozono, que los protege de los rayos solares, se acabará la vida sobre la Tierra. Quizás piensan que acabándose la vida en la Tierra, los que tienen muchas posibilidades económicas, podrán trasladarse a otro planeta, dijo el Querubín. Es posible, respondió San Pedro, pero hay que recordar que en cualquier planeta, hay que respetar la Naturaleza. Porque Dios perdona siempre, el hombre algunas veces, pero la Naturaleza no perdona nunca. |